Una escapada de unas horas, una tarde calurosa, a esa ciudad, bella y de embrujo. Encuentro con los amigos, paseo por el Albaycin, limonada con hierbabuena, música andalusí y poemas en la Mezquita; el tiempo se detiene en el Mirador de San Nicolás, un auténtico oasis de paz en la tarde granadina.
Las vistas siempre sobrecogen al viajero, que vuelve una y otra vez a reencontrarse con su ciudad; aquí el tiempo parece parado... Desde este Mirador, el bosque y la Alhambra se muestran tan familiares y cercanos...
El Generalife, frondoso, con Sierra Nevada al fondo, aún con zonas de nieve...
Y el valle de Darro. Parece que nunca marché de estos barrios, que nunca dejé la ciudad..., pero he de volver para añorarla de nuevo.