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martes, 29 de diciembre de 2015

Equinoccio de otoño: miel sobre hojuelas


Dos expresiones que habremos de explicar; los equinoccios, del latín aequinoctium (aequus nocte) son los momentos del año en los que el Sol está situado en el plano del ecuador terrestre. En las fechas en que se producen los equinoccios, el día tiene una duración igual a la noche en todos los lugares de la Tierra.

Atardecer en el Cueva de la Lobera el día del Equinoccio



El día 23 de Septiembre de 2015 celebramos el "Equinoccio de Otoño" en un lugar mágico y emblemático de la villa de Castellar... el Santuario Ibero de Los Altos del Sotillo, conocido popularmente como la cueva de la lobera. Mucha expectación y mucho gentío que no querían perderse la visión de los últimos rayos de sol iluminando el fondo rocoso de la cueva. La imaginación es libre, y cada cual veía o creía ver figuras antropomorfas, animales, o a la mismísima diosa. Los iberos eran un pueblo muy creyente y siempre rogaban y hacían sus súplicas en sitios tan especiales como esta cueva, como este santuario rupestre.



Equinox Night


Sucedió el ocaso y se disiparon los curiosos... Tres personas y mi perrilla Nala quedamos en la primera terraza que da acceso a la entrada a las cuevas; la hora azul se mostraba en todo su esplendor y la noche llegaba tímidamente ofreciendo una multitud de estrellas en un cielo limpio con alguna nube. El momento era perfecto. La fotografía nocturna es de muy rápida ejecución, previamente has de planificar y controlar todos los parámetros... Durante semanas antes, todos los días, al atardecer teníamos una cita en la cueva. Y llegado el día del equinoccio, tan solo había que rematar esa faena, y con ese estudio previo y exhaustivo. Bueno, también el factor suerte contaba... 

De las tres fotos que presenté al concurso de fotografía organizado por el Excmo Ayuntamiento de Castellar (que por cierto ninguna fue premiada, ni otorgada mención) mi favorita es ésta,  a la que llamé "Blue Eyes" (ojos azules). 30 segundos de exposición, ni siquiera tuve que usar el intervalometro. No sé,  pero yo veo a la dama, a la diosa, su silueta, sus adornos, su rictus serio digno... Un ojo interior azul iluminado a propósito, en conexión con el gran ojo del firmamento azul, azulísimo intenso cuajado de estrellas. Tal vez sea un poco friki, pero a mí esta toma me encanta. Según Mario Rubio (mi maestro de fotografía nocturna) hay demasiados elementos en esta instantánea, y un poco sobreexpuesto la oquedad de la cueva... en fin, he aprendido bastante. Y seguro que las próximas fotografías nocturnas serán mucho mejores, más limpias y sencillas. Más rotundas.

Blue Eyes


Y la siguiente expresión que vamos a explicar es "miel sobre hojuelas". Las hojuelas es una pasta muy fina de harina y huevo, que se frie y se le añade azúcar. Un auténtico manjar. Pues cuando a las hojuelas se las cubría con miel en lugar de azúcar, su sabor era aún mejor. Juntando un manjar con otro, el resultado es excepcional.

 Un equinoccio insuperable, lo mejor de lo mejor.






viernes, 25 de noviembre de 2011

un hogar para coco...




Siempre mira hacia atrás... quiere visualizar a su referencia, nunca se aleja demasiado en terreno conocido y ante lo nuevo es muy cauto, y este sendero de la cueva de la Lobera era una experiencia novedosa para él; Luca ya era experta... ella se conocía el camino en todas las estaciones e iba abriendo, en cabeza, nuestra pequeña expedición. Qué tierno, Coco, quiere asegurarse que no me pierdo y que los sigo.






Su historia, la de Coco, es cómo la de miles de perros abandonados... Lo quisieron hasta que se cansaron, lo maltrataron y lo echaron a la calle... tan sólo que él fue rescatado de debajo de un coche (su provisional casa) y de un futuro incierto. Y el día en que su heroína, su benefactora le puso un collar y lo ató con un cordel... ese día estableció un vínculo, y se sintió "a salvo"... Un hogar para Coco, eso era mucho más de lo que hubiese podido soñar.




Este lugar le gusta, tímidamente se va moviendo y haciendo paradas en pequeñas piedras que le sirven como oteros, mira tranquilamente y observa el paisaje... la tarde ha sido cálida y muy buena, para estar en Noviembre, y hemos disfrutado en el recorrido y en las cuevas hasta que el sol se pone e iniciamos el regreso a casa. Confirmo nuevamente la excepcionalidad del sitio, la magia y lo especial de este santuario íbero a unos kms de Castellar.




Estos dos perrillos no pierden detalle, y me han ofrecido una pose y un perfil precioso... guapos, buenos, generosos, protectores, fieles y compañeros. Un lujazo compartir estos días con ellos, por mucho que crea darles... me dan mucho más.

jueves, 10 de febrero de 2011

los íberos... esos desconocidos 3/3


Y nuevamente volví a La Lobera... esta tarde la pasé allí, en el Santuario Ibérico, había mucha paz y pude disparar a placer. Los almendros floridos, el cielo limpio, los senderos por fín señalizados, paneles informativos para profundizar, bancos, papeleras, barandillas de seguridad... la tarde cálida y magia, mucha magia en el lugar. Si un íbero tuviera que elegir un animal, este sería un caballo o un perro. Eran cazadores y recolectores... tal vez los almendros les facilitaran un fruto nutritivo y energético, y consideraban a la granada como fruta sagrada. Es curioso que almendros y granados aún estén presentes en esta colina, donde se asienta el Santuario, de los Altos del Sotillo.

La Diputación de Jaén, y el Ayuntamiento de Castellar parece que estén haciendo sus deberes: adecentar este lugar (gran desconocido por todos, pero publicitado ampliamente en el viaje al tiempo de los iberos). En fin las mejoras son notables, aunque aún queda por hacer o se sigue haciendo. A la salida del pueblo, dirección Sorihuela del Guadalimar, junto a los depósitos del agua, comienza el camino, comienza la aventura...


Nos adentramos en un espacio de culto de más de 2300 años de antiguedad, cientos de exvotos de bronce fueron depositados en este Santuario, en estas cuevas rocosas, que miran a la Vega y a Sierra Morena. Nuestros antepasados los íberos venían aquí a solicitar favores a sus dioses... dicen algunos autores que los españoles debemos nuestro modo de ser y nuestra imagen internacional a este pueblo que llegó antes que otros y marcó su carácter hasta nuestros días.

Venid a la Lobera... un paseo que os encantará, unas vistas para retener y unas impresiones de sitio de poder, de magia, de paz y serenidad. Os espero!

Recomendable mirar, los dos post anteriores dedicados a los íberos, que completan esta triada que me propuse:

jueves, 14 de octubre de 2010

compartir el musgo...


Si algo me quedó claro, en esta excursión a la cueva de la Lobera, es que la amistad era muy grande, enorme... mucho más de lo que llegué a imaginar. Desde que Luky, esa cachorilla de casi un año, llegó... sus vidas cambiaron.



En el sendero que conduce al Santuario Ibérico de Castellar, en la zona conocida como los Altos del Sotillo, María disfrutó del paisaje, aunque no lo dijo; tiró fotos con su fantástica Canon, con satisfacción contenida; observó como su Luky, que era pura actividad exploradora, era feliz sin parar de corretear a lo largo del camino. Partió una almendra, y se la dio a probar, y una bellota ... sabores que le gustaron, no tanto los granos de la granada, ni las majoletas. En cada roca cubierta de musgo, Luky establecía su campamento provisional... y nuevamente a olisquear explorándolo todo.


Las cuevas de la Lobera son un sitio mágico cercano donde poder jugar e investigar entrando y saliendo por las ventanas. María, intentó tomar una buena instantánea del pueblo de Chiclana de Segura, que surgía tras otra de las ventanas naturales de la cueva, como un cerro blanco. Tomar una foto en cuatro pasos. Preparación, enfoque, disparo y comprobación de la imagen... mientras Luky no paraba de investigar a su vera.


Recordando un post ¿A qué huele el musgo? de los inicios del blog, observo que María ahora comparte el musgo con Luky, y se lo muestra... parece atenta, esas almohadillas verdes y blanditas le gustan. Qué delicia, pensaría Luky, ir a cuatro patas, sobre estas mullidas alfombras de verdín fresquito...

- ¿Cómo dijiste que se llamaba?
- Musgo, m u s - g o

Esta vez no hablamos de política ni siquiera de los sueños de juventud... nos pusimos al día con palabras sencillas como sinceridad, trabajo, responsabilidad... y también nos reímos mucho. Una tarde especial para recordar siempre.