Los sitios, esos paisajes que te cautivan y te dejan su impronta, cambian... una crecida extraordinaria del río Guarrizas a su paso por el Monumento Natural El Piélago, después de días de intensa lluvia, hizo que me detuviera en ese lugar de los Puentes Romanos de Vadollano. Espectacular visión. El agua nuevamente volvía a danzar sobre la piedra, sobre los granitos...
En una visión más amplia, la fuerza del Guarrizas se traga los puentes más pequeños, sobrepasándolos. La corriente se embala como si se deslizara por un tobogán, encajándose en bloques de granito y salvando desniveles... dos brazos que vuelven a unirse en un cúmulo de agua teñida más mansa. Aguas abajo el Guarrizas se enfila para juntarse con el Guadalén y desembocar ambos al Guadalimar (que es el afluente de la margen derecha del Guadalquivir).
Son sitios por los que paso, y que me hacen detener mi viaje... Me pregunto ¿Cómo estará mi encina? ¿Y mi puente romano? ... ¿Resistirán? Siempre que puedo, desvío mi ruta algunos kilómetros y me me paso. Y me detengo. Y disfruto intentando vivir esos instantes...