En la finca "Anta do Sobreiro" se prepara la tierra para que cuando llegue la plantación de las estacas de olivo, esté jugosa y suelta... buena tierra para nuevos proyectos.
El olivar, el cereal, el viñedo (la famosa triada de los romanos) y también el melonar conviven en estas tierras áridas y pobres del Alentejo donde antaño el bosque mediterráneo reinaba y los encinares lucían su esplendor.
Hoy algunas encinas solitarias, o en pequeños bosquetes surgen de la tierra y de las aguas mostrando su orgullo de primeros pobladores... los quercus ya estaban aquí.
Las tierras del Gran Lago son el testimonio vivo de una profunda transformación territorial. Antes sedientas, ahora viven envueltas en un afectuoso abrazo de azul profundo. El río Guadiana, a su paso por el Alentejo portugués se recreó en la Albufeira de Alqueva, con 250 km2, siendo el embalse más grande de Europa, 83 km de longitud y 1100 km de perímetro.
Y el lago muestra sus colores cambiantes, según el ritmo del cielo y las luces del día. Esta tierra ofrece a quien se acerca a conocerla, sensaciones únicas. En la calma serena de un nuevo paisaje inundado de vida, los recuerdos se funden en nuevos caminos.
Na calma serena de uma nova paisagem alagada de vida,
as memórias fundem-se em novos caminhos.

La Aldeia Ribeirinha de Estrela, pequeña y hospitalaria, blanca y muy limpia nos ofreció paseos alrededor del lago y puestas de sol inolvidables. Obrigado!
Y la nueva
Aldeia da Luz nos muestra un fantástico
museo (el antiguo pueblo de Luz quedó inundado por las aguas y fue reconstruido en un nuevo emplazamiento) donde se nos cuenta su historia.
Dicen que el Alentejo es como el fado portugués: absolutamente tradicional, de una diversidad fascinante y con un sentimiento que no se borra. Me enganchó, lo admito... y quisiera volver pronto. Inshallah!