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viernes, 21 de octubre de 2011

la ola...



A todos los corazones solitarios, lastimados, heridos, defraudados, con miedo y dolor... qué a pesar de los pesares siguen mirando al mar.




Recuerda el tiempo que en la playa sola,
al ver la ola
que alumbraba el sol,
tú me dijiste que la mar un día
se acabaría
antes que tu amor.

Hoy que te busco por la playa sola,
no está la ola
que alumbraba el sol;
las olas mueren y tu amor no existe;
¡qué mal supiste
comparar tu amor!


Poema de Josefa Murillo



martes, 25 de enero de 2011

cactus que mira...


Y este cactus que se apoya en la tapia para poder admirar el paisaje... me hizo que acordar de los poetas... la encina solitaria de Whitman, los árboles "solidarios" de Benedetti.

Uno de mis poemas favoritos de Mario Benedetti, de Trece hombres que miran, de Poemas de Otros, es este... se llama hombre que mira más allá de sus narices, y me emociona leerlo cada vez... quería compartirlo con vosotros.

Hoy me despierto tosco y solitario
no tengo a nadie para dar mi quejas
nadie a quien echar mis culpas de quietud

sé que hoy me van a cerrar todas las puertas,
que no llegará cierta carta que espero,
que habrá malas noticias en los diarios,
que la que quiero no pensará en mí
y lo que es muchísimo peor
pensarán en mí los coroneles
que el mundo será un oscuro
paquete de angustias
que mucho otros aquí o en cualquier parte
se sentirán también toscos y solos
que el cielo se derrumbará
como un techo podrido
y hasta mi sombra
se burlará de mis confianzas

menos mal
que me conozco

menos mal que mañana
o a más tardar pasado
sé que despertaré alegre y solidario,
con mi culpita bien lavada y planchada,
y no sólo se me abrirán las puertas
sino también las ventanas y las vidas,
y la carta que espero llegará
y la leeré seis o siete veces
y las malas noticias de los diarios
no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas
y la que quiero
pensará en mi hasta conmoverse
y lo que es muchísimo mejor
los coroneles me echarán al olvido
y no sólo yo muchos otros también
se sentirán solidarios y alegres
y a nadie le importará
que el cielo se derrumbe
y más de uno dirá que ya era hora
y mi sombra empezará a mirarme con respeto

será buena
tan buena la jornada
que desde ya
mi soledad se espanta.


sábado, 25 de julio de 2009

moral junto al mar

Era Invierno, cuando aquellas retorcidas y fantasmagóricas ramas me atraparon, para no dejarme escapar nunca más. Prometí volver..., y volví. Cada estación volvía al encuentro de mi árbol captor, de mi árbol enigma.

Desde que tiene nombre, o mejor dicho, desde que conozco su nombre, acepta de buen grado la compañía. Mi moral estaba allí, justo donde le dejé esta Primavera, orgulloso, prodigando feliz hojas verdes, movidas por la leve brisa del atardecer. Apoyé la bici sobre su tronco y suspiré junto a él.

Qué hermoso el atardecer, casi anochecer, en Verano junto al mar. Los bañistas desaparecieron, las sombrillas y las hamacas estaban desiertas, las colchonetas apiladas, un alma solitaria que pasea por la orilla, algún barquito con luces al fondo que salió a navegar... qué paz!


- !Este es el mar de la tranquilidad¡


¿Quién dijo eso? El enigma continuaba... mientras pensaba en las palabras del Principito, en un poema de W. Whitman, en mis amigos y en compartir todo este remanso de tranquilidad. Ese era el leit motiv de esta bitácora: COMPARTIR.

lunes, 30 de marzo de 2009

el instinto de viajar...

¿Qué es lo que empuja a una persona a querer conocer más allá de lo familiar, a lanzarse al camino, a decirse a si misma que ha llegado el momento de partir hacia nuevos horizontes para comprobar qué es lo que hay ahí fuera?
¿Es su instinto natural o son las enseñanzas y educación que recibe?

La necesidad de viajar es tan antigua como la especie humana. Llevó a Marco Polo a iniciar su infatigable caminar hacia el Este, e inspiró a San Agustín a escribir: "El mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo tienen la oportunidad de leer una de sus páginas".

La experiencia de viajar nos cambia, a veces muy superficialmente y en otras ocasiones de manera muy profunda. Como dice Paticia Schultz, una reportera de viajes norteamericana, en su libro "1.000 sitios que ver antes de morir": el viajar es un gran aula al aire libre.

Hay lugares que seguro nos cambiaran, de gran belleza e inspiración, donde el mar y la tierra se unen, donde historia, geografía y naturaleza se muestran con sus mejores galas para enseñarnos un sitio único: Baelo Claudia


El conjunto Arqueológico de Baelo Claudia se encuentra integrado en el Parque Natural del Estrecho de Gibraltar.

El paisaje es espectacular. En la ensenada de Bolonia, en su parte oeste, se asienta la ciudad romana de Baelo, las sierras de la Plata y San Bartolomé forman un arco que la dejan enmarcada entre montañas, de forma que fue el mar su mejor medio de comunicación.



Las excavaciones sacaron a la luz el conjunto urbano romano más completo de toda la Península, con monumentos de extraordinario interés como el foro, el teatro, el templo de Isis, el mercado y la factoría de salazón (donde se preparaba el famoso garum).