La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga".
Esta mañana, mientras repartía el correo en Castellar, al ir a entregar una notificación de la Diputación de Jaén, y al no saber de memoria su DNI, Anatolia me hizo pasar a su cocina. Allí esperé mientras buscaba una "cartilla del banco" donde estuviese el dichoso número. Tenia la chimenea encendida, y varias comidas en proceso de manufactura. Me preguntó: "¿Te gustan las aceitunas?, Prueba estas." A mi francamente, me encantan de todas las formas posibles.
Pues estas eran muy especiales: rajadas, con los aliños bien visibles, mucho tomillo, varas de hinojo, cáscaras de naranjas, hojas de laurel y cambio constante del agua. Este agua tenia un secreto, cuidadosamente medida la cantidad, estaba enriquecida con CENIZA. Comí una, luego otra y otra más. ..Y dije, "Voy un momento a la moto por la cámara de fotos".
Siempre la llevo conmigo, ya sé que no es lo mismo, pero por el aspecto podéis imaginar lo exquisitas que estaban estas aceitunas aliñadas a la ceniza. Impresionantes. Me preparó una bolsita con unas pocas para llevar. Ah, entregué la notificación, después de que apareciera el número, y con la promesa de Anatolia de memorizarlo.
En la calle Camino del Ayozar, en mis últimos puntos de entrega, ya cercanos a la Fuente de homónimo nombre, y a la Ermita de San Benito, pude disfrutar de esta vista de las Sierras de Cazorla y del Pozo. Ese cordón de nubes las estaba atravesando, se veía nieve en algunas cumbres y los olivos en primer plano. Esta panorámica azul me anima. Aunque el sábado he de trabajar, tengo casi cuatro días de descanso... Rumbo: PLAYA-MEDITERRANEO (a recuperar todos los oligoelementos perdidos y a llenar los pulmones de brisa marina). Lo cuento a la vuelta. Sed felices!
El domingo 22, día de la competición de Orientación en la Sierra de Segura, amaneció lluvioso. Con un mapa detallado y una brújula había que encontrar una serie de puntos en el terreno, señalizados por una baliza. La toma decisiones para avanzar y la habilidad para navegar por el terreno es la esencia de la Orientación. Conforme nos íbamos acercando a Siles, el agua se confirmaba como compañera de la jornada. Al llegar al Puntal de la Ajedrea (1.507 m), el bosque de pinos salgareños se mostraba semioculto por la neblina, que se pegaba al suelo, y la fina agua que seguía mojándolo todo.
Los inmensos bosques segureños de pino salgareño o laricio (Pinus nigra) impresionan por el porte recto de sus grandes troncos. En el sotobosque de estos pinares de alta montaña, que es menos denso, encontramos encinas o carrascas, que a esta altitud presentan porte achaparrado. En los lugares donde el pinar aclara, son muy frecuentes el espino albar o majoleto, los rosales silvestres o escaramujos y las madreselvas.
Eramos un grupo bastante numeroso y diverso, cercano al centenar. Un poco de organización, inscripción por categorías, y comenzaron las salidas escalonadas. Mapas y tarjetas-control aguantaron la humedad. Alex, mi sobrino de 16 años, me acompañó en todo momento y disfrutamos buscando las balizas de los puntos control. No hicimos muy buen tiempo, 47 minutos, pero disfrutamos a lo grande participando. Entre baliza y baliza saqué la cámara e intenté captar alguna toma.
La orientación en España es relativamente joven, allá por los 70 un profesor de esgrima del INEF, Martin Harald Kronlund decidió incluir la ORIENTACIÓN como contenidos a impartir a sus alumnos, buscando un modo recreativo de trabajar la preparación física.
Bajando del Puntal hacia Siles, el día abrió un poco, las nubes se fueron disipando, dejando pasar rayos de sol, que buscábamos para entrar en calor. Y aprovechando las nuevas condiciones de luz, pusimos rumbo a Puente Honda, esa olvidada aldea que tanto me gusta, donde todos los árboles y arbustos caducifolios ceden generosos sus hojas a la tierra. Es el devenir de todo lo vivo, el ciclo de la naturaleza. Y amarilleaban los fresnos junto a las fuentes y los álamos a las orillas del río Morles, cubriendo el camino y acolchando los pasos del caminante.
Un valle desconocido y delicioso en otoño. Fotografiar en conjunto la aldea de Puente Honda, deshabitada y abandonada, desde la pista forestal, era una manera perfecta de finalizar nuestra jornada en la Sierra de Segura. Esta se presentaba espléndida con sus casas aún encaladas y erguidas, resistiendo el paso del tiempo, rodeada de su olivar y pinar, de contundentes verdes serranos y de espectaculares amarillos y ocres de los álamos a la vera de su río, el Morles.
Vuelvo a Segura. Un pinar magnífico cerca del Camping de la Canalica y próximo de la aldea de La Fresnedilla nos muestra su mejor secreto guardado y conservado durante largos años. Practicar el senderismo utilizando la red de senderos de pequeño recorrido en esta sierra agreste es un disfrute asegurado. La propuesta: PR-A 83 POZO DE LA NIEVE
Esta es la curiosa construcción, el Pozo de la Nieve, en medio del pinar. Probablemente el mejor conservado de toda la Sierra de Segura. El trabajo comenzaba a finales del invierno o inicios de primavera con la últimas nevadas. Durante varios días, cuadrillas de hombres se encargaban de recoger la nieve mediante espuertas y capazos y llevarla al interior de los pozos donde era prensada y compactada hasta convertirla en hielo.
Una vez lleno el pozo, este preciado elemento (antes de la llegada de la electricidad, de las fábricas de hielo, y las actuales neveras, era la única forma de enfriar) se aislaba del exterior mediante una gruesa capa vegetal de aulaga morisca (Ulex parviflorus) y otra superior de tierra arcillosa apisonada. El pozo quedaba así sellado hasta el momento de abrirlo.
En verano, caída la tarde se abría el pozo y la nieve era cortada en grandes bloques, que se metían en serones especiales, totalmente recubiertos de paja llamada tamo (la misma paja picada hecha casi polvo) que hacía de aislante. Una vez preparada la carga, se disponía a lomos de caballerías y era transportada por los arrieros.
Regresamos hacia Siles, por el camino de las Acebeas, en las orillas del Arroyo de los Molinos, encontramos algunos caquis (Diospyros kaki). Sus hojas con frecuencia se desprenden del árbol pasando de rojo a anaranjado, indicando que los frutos estan maduros.
Dentro del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, en el término municipal de Siles (que pertenece a la Sierra de Segura) existen minúsculas aldeas, adentradas en la sierra, como esta, Puente Honda de Enmedio, que apesar de su abandono y actual ruina, son auténticos paraísos y remansos de paz. Mi amiga Loli nació aquí. Conforme avanzamos por la pista forestal me cuenta sus recuerdos de niñez en esta aldea. El paso del tiempo dejó su huella, se hundieron tejados y cayeron los muros de las casas. Las familias que aquí vivían se fueron llendo poco a poco al pueblo, a Siles, a 6 km de aquí.
La vegetación descontrolada, la maleza y las zarzas invadieron los hogares antes habitados. Esa ventana me atrajo enormemente, su resistencia a la invasión, mostrando aún su cal y su añil...
Hay algunas chimeneas que se mantienen erguidas.
Una fuente mana agua al borde del camino forestal de acceso a Puente Honda.
Y un río... El río Morles, del que nunca había oído hablar, ni lo había referenciado en ningún mapa topográfico de la zona. Es un afluente del Guadalimar, configurando un valle recóndito de frondosos bosques de roble y pino, limitado por superficie de olivar, rodeado por el calar de Navalperal y los cerros Bucentaina y Peñalta.
Un sitio hermoso, de evocaciones tranquilas y sensaciones serranas que me harán volver. Lo sé. Otras aldeas desconocidas y cercanas esperan... como La Hueta, que pertenece al municipio de Orcera y Puente Honda, al de Benatae. Otros arroyos, otros molinos abandonados en su cauce, y otros castillos-atalayas que descubrir...
La Sierra de Segura atrae tanto, que la echaba en falta después de meses de campiña y costa. Un generoso placer el reencuentro.